domingo, 30 de octubre de 2011
Voy a intentar despedirme de los sueños como si estos en algún lugar nacieran y cobran vida. Ya no creo en el azar ni el destino, ya no me compran con ilusiones. Tengo en claro que los finales felices no están en mis escritos, ni en mis días. Serán las horas de la soledad, será el ritmo que imponga la ciudad. Será que en las calles y en la esquina mas poblada estará la flor que esta esperando mi llegada. Será que las miles y miles de vueltas te pondrán delante de mi para tomar la ultima hoja de la margarita y leer de esta la leyenda: me quiere mucho.Gustavo Girardi
Vengan a ver a ese morochito que hace verdades la fantasía de la ilusión. Pibe indomable, niño infinito, mano del cielo que trepa al aire a gritar su gol. Un cebollita en el universo, un hombrecito que anda por ahí desafiando al sol. Vengan a verlo es cierto, vengan a verlo él existe. Vengan a ver que bonita se pone la tarde cuando él la viste. Viene a pintar mi alma, viene a pintarme la ilusión. Viene a pintar mi alma, viene a pintarme el corazón. Mago y paloma, Diego y redonda, hay un romance inseparable entre ella y él. Venga a ver como es que sublima un país entero en la alegría que hay en sus pies. Delfín herido fuera del agua, pibe que llora desamparado al atardecer. Es mi alegría su risa, es mi ilusión la que grita, es mi bronca su rabia, y su llanto mi peor desgracia. Hay fotos en el alma que no se borran jamás, hay fotos en el alma que no se pueden borrar. Pinta, pinta, pinta mi alegría este pintor, Pinta, pinta, pinta de alegría este pintor.Yo no se que ángel pardo se asomó por Fiorito, se coló en los picados donde él anochecía y prendado del ángel, gurrumín de la zurda, se instaló en el mocoso con brutal brujería. Ya tramaban entre ambos portentosas hazañas con la número 5 de compinche jugada. Paternal fue la ruta, la escuelita de barrio, escenario temprano, fogeo y recalada.
Aquel ángel errante, diabla luz en su sangre, lo hizo crack mixturando travesura con fuego.
De movida, brotaba el sol de su alegría iluminando el verde que bordaba su juego.
Fue la mano de Dios y el demonio sudaca, desparramando ingleses y sutiles inventos.
La melena enrulada o el cabello cortito, el misterio era el mismo, la magia no era cuento.
El sur napolitano fue el sur de su suburbio, por morocho, por pobre, por sur(do), por desdeñado. Él le ofreció sus goles, su prodigio, sus ganas; y fue llenando el hueco del ídolo esperado. Humilló al norte con vital desparpajo.
Con la celeste y blanca se arreó media tribuna.
En el sur y en el norte le hizo un corte de manga a los que despreciaron su canción de cuna.
Desnudó a los hipócritas mandamases del fútbol.
Lloró como tan solo lloran los que se juegan, y como pasa siempre con los Cristos de barro, lo colgaron con clavos en la cruz de su entrega; y no le perdonaron ni su origen, ni su orgullo, ni ese privilegio (que mantiene) de mover muchedumbres, sin pasarse al bando de los que a todos humillan para ser uno de ellos (como siempre es costumbre): los burócratas grises de aceitadas bisagras o el chantun cholulaje de amigotes en rueda o los caretas impúdicos conocidos de siempre o los escribas que restan por las 30 monedas, toda esa calaña lo sentenció caído como el árbol que abate el hacha la tormenta, le calculó la leña que de él le serviría y lo hizo noticia a sumar en su cueta, pero él es bien de abajo por sobre toda duda y sigue en las banderas, en los cánticos, en los coros, porque la gente intuye que aun entre los brillos, sigue siendo uno de ellos, es El Diego. Es aquel pibe del barrial de Fiorito, la tribuna le canta con su voz (Maradooo, Maradoooo)
Relámpago del fútbol del Mundo en un tiempo de grises picapiedras y sinuosas personas.
Yo lo vi… lo vi desde el piso de una cancha alambrada o en alto cemento del estadio encumbrado, en la incierta ventana de una caja de luces o en el osco potrero de algún barrio apartado.
Cuando alzaba la copa de la heroica victoria o gritando la fiesta de otro gol festejado
Y lo vi con la bronca y el amor propio herido, sin guardarse el insulto al sentirse insultado.
Es El Diego, es aquel pibe con el ángel adentro que no se vende al diablo y al ángel no abandona.
Una redonda, el hada, fue su arma y su juguete. Es canto en las tribunas… su nombre?: Maradona!!!!
Pinta, pinta, pinta mi alegría ese pintor, Pinta, pinta, pinta de alegría este pintor.
Maradooo Maradoooo, Diegooooo Diegoooo
Aquel ángel errante, diabla luz en su sangre, lo hizo crack mixturando travesura con fuego.
De movida, brotaba el sol de su alegría iluminando el verde que bordaba su juego.
Fue la mano de Dios y el demonio sudaca, desparramando ingleses y sutiles inventos.
La melena enrulada o el cabello cortito, el misterio era el mismo, la magia no era cuento.
El sur napolitano fue el sur de su suburbio, por morocho, por pobre, por sur(do), por desdeñado. Él le ofreció sus goles, su prodigio, sus ganas; y fue llenando el hueco del ídolo esperado. Humilló al norte con vital desparpajo.
Con la celeste y blanca se arreó media tribuna.
En el sur y en el norte le hizo un corte de manga a los que despreciaron su canción de cuna.
Desnudó a los hipócritas mandamases del fútbol.
Lloró como tan solo lloran los que se juegan, y como pasa siempre con los Cristos de barro, lo colgaron con clavos en la cruz de su entrega; y no le perdonaron ni su origen, ni su orgullo, ni ese privilegio (que mantiene) de mover muchedumbres, sin pasarse al bando de los que a todos humillan para ser uno de ellos (como siempre es costumbre): los burócratas grises de aceitadas bisagras o el chantun cholulaje de amigotes en rueda o los caretas impúdicos conocidos de siempre o los escribas que restan por las 30 monedas, toda esa calaña lo sentenció caído como el árbol que abate el hacha la tormenta, le calculó la leña que de él le serviría y lo hizo noticia a sumar en su cueta, pero él es bien de abajo por sobre toda duda y sigue en las banderas, en los cánticos, en los coros, porque la gente intuye que aun entre los brillos, sigue siendo uno de ellos, es El Diego. Es aquel pibe del barrial de Fiorito, la tribuna le canta con su voz (Maradooo, Maradoooo)
Relámpago del fútbol del Mundo en un tiempo de grises picapiedras y sinuosas personas.
Yo lo vi… lo vi desde el piso de una cancha alambrada o en alto cemento del estadio encumbrado, en la incierta ventana de una caja de luces o en el osco potrero de algún barrio apartado.
Cuando alzaba la copa de la heroica victoria o gritando la fiesta de otro gol festejado
Y lo vi con la bronca y el amor propio herido, sin guardarse el insulto al sentirse insultado.
Es El Diego, es aquel pibe con el ángel adentro que no se vende al diablo y al ángel no abandona.
Una redonda, el hada, fue su arma y su juguete. Es canto en las tribunas… su nombre?: Maradona!!!!
Pinta, pinta, pinta mi alegría ese pintor, Pinta, pinta, pinta de alegría este pintor.
Maradooo Maradoooo, Diegooooo Diegoooo
sábado, 29 de octubre de 2011

Promesas sobre el bidet
Por favor no hagas promesas sobre el bidet
por favor no me abras más los sobres.
Por favor, yo te prometo te escribiré
si es que para de correr.
Por favor, sigue la sombra de mi bebé,
por favor, no bebas más, por favor no llorés.
Por favor yo te prometo te escribiré si es que para de llover.
Porque me tratas tan bien, me tratas tan mal
si sabés que no aprendí a vivir.
A veces estoy tan bien, estoy tan down.
Calambres en el alma,
cada cual tiene un trip en el bocho
difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo.
Un poco atrasado el feliz cumple para Charly, pero como se dice por ahí más vale tarde que nunca. Ahora comprendo porque vas a ser leyenda.
domingo, 23 de octubre de 2011
Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...
Enrique Santos Discepolo.
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